ISLANDIA, una película de Leandro Cerro en DAC (Vera 559)

A veces hay que viajar lejos para volver a encontrarse.
Un viaje atravesado por la musica y los paisajes de islandia, con la participación de sigur rós, amiina y sugarcubes. (Fragmento Festival Escenario)

ISLANDIA
Una película documental de Leandro Cerro
ESTRENO COMERCIAL
11 de Septiembre
CINE ARTE CACODELPHIA

SINOPSIS
Abatido por la muerte de su padre y por un presente teñido de sinsentido y melancolía, un joven adulto se deshace de sus pertenencias y se embarca en un viaje a Islandia. Fascinado por su música, su gente y la mística del paisaje, va reencontrando la alegría perdida, la conexión con las personas, la naturaleza y finalmente el amor. Un documental en primera persona que narra con frescura una aventura en busca de pertenencia, enmarcado por el entorno y la música hechizantes de Islandia.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Leandro Cerro
Producción: Leandro Cerro
Guion: Hernán Rosselli y Leandro Cerro (con la colaboración de Camila Fabbri y Agustín Godoy)
Edición y Montaje: Hernán Rosselli | Montaje Final: Martín Farina
Colaboración Técnica en Montaje: Florencia Gómez García
Dirección y edición de sonido: Lucas Larriera y Luiza Gonçalves
Mezcla: Pablo Orzeszko
Musicalización: Martín Farina y Jorge Barilari
Productor asociado: Juan Villegas
Corrección de Color y Deliveries: Juan Martín Hsu

Año: 2025
País: Argentina
Duración: 93 min.
Género: documental
Distribuye: Cinetren

PALABRAS DEL DIRECTOR
Cuando mi viejo se enfermó en 2011, busqué algún tipo de escape que me ayudara a sobrellevar lo que estaba pasando. Una conexión, quizás algo más espiritual. Ese lugar apareció, inesperadamente, en la música de la banda islandesa Sigur Rós.

Durante mucho tiempo escuché sus discos de manera casi obsesiva. Empecé a descubrir otros músicos y bandas islandesas, muy diferentes entre sí, pero unidos por una sensibilidad que me resultaba difícil de explicar. Había algo en esa música que me atraía especialmente: los silencios, los espacios y aquello que parecía quedar abierto. Empecé a sentir una conexión cada vez más profunda con la música de ese país. Islandia, una isla remota y escasamente poblada, me provocaba una enorme curiosidad. Llegué incluso a estudiar islandés para poder entender las letras de las canciones que escuchaba.
Mi viejo murió casi un año después de enfermarse. Un hombre de pocas palabras, observador, que durante sus últimos años, atravesados por el alcohol, se había ido alejando cada vez más de los demás. Quizás por eso esa música, hecha también de silencios, me resultaba tan cercana.

En 2015 ya no encontraba demasiadas razones para quedarme en Buenos Aires. Acababa de terminar una relación de ocho años y mi trabajo como montajista en National Geographic había dejado de interesarme. Decidí viajar a Islandia.
Llegué a Reykjavík sin conocer a nadie. Contacté a algunos de aquellos músicos cuyas obras tanto bien me habían hecho, y también a muchos otros que fui descubriendo en el camino. Los filmé tocando y conversé con ellos sobre música, pero también sobre la vida. Una y otra vez aparecía la importancia de los paisajes islandeses y de sus sonidos -incluso del silencio- en sus procesos creativos.

Durante siete meses recorrí Islandia de punta a punta. Registré glaciares, volcanes, rocas, cascadas y todo aquello que pudiera producir un sonido. Pero, sobre todo, fui encontrando personas: gente que trabajaba en granjas, músicos, adolescentes que habían convertido un granero en una sala de ensayo, niños que descubrían la música en la escuela. Sin haberlo planeado, todas ellas comenzaron a formar parte de la película.

Y entonces apareció Katja. Nos enamoramos y compartimos los últimos meses de mi viaje, compartiendo soledades, miedos, deseos. Después, cada uno volvió a su país.

Yo no volví solo, a diferencia de cómo había llegado. Volví con un nuevo amor y una película guardada en un disco duro. También volví entendiendo un poco más aquello que había ido a buscar tan lejos. No encontré una respuesta sobre mi padre, pero sí entendí algo que terminó atravesando toda la película: incluso aquello que creemos vivir solos está profundamente atravesado por los demás.

La película fue registrada enteramente por mí, con una cámara pequeña y un micrófono direccional. Quería preservar la espontaneidad y la intimidad de los encuentros, sin imponer demasiado sobre aquello que estaba sucediendo. Por eso, la cámara funciona muchas veces como un testigo indiscreto: observa, acompaña y se deja sorprender.

Quizás por eso la película está hecha de personas, paisajes, música y silencios. De cosas que se muestran y de otras que quedan abiertas. Como en aquella música que me llevó hasta Islandia, aprendí que no todo tenía que ser completado en soledad.

SOBRE EL DIRECTOR
Leandro Cerro
nació en Buenos Aires en 1988. Cursó la carrera de Dirección Cinematográfica en la Universidad del Cine (UCINE). Actualmente dirige la carrera de “Cine y Nuevos formatos audiovisuales” en la Escuela Da Vinci. Islandia es su primer largometraje. En 2024, viajó a Brasil para filmar su segundo documental como director (aún sin título).