Festivales made in Argentina

“Festivales nacionales: equilibrio entre identidad y sustentabilidad” fue una de las charlas destacadas de WORKSHOW, el encuentro que -desde 2015- reúne a profesionales, artistas, empresas, instituciones y estudiantes para impulsar el desarrollo de la industria del entretenimiento en vivo y multimedia en la Argentina.

Por que sí: ¿cuántas veces te preguntaste qué hay detrás de los festivales “made in Argentina”, esos que no son franquicia de gigantes sino que nacieron de la idea y gracias al esfuerzo de producciones locales? Joaco Speroni (Festival Buena Vibra), Eve Vega (Festival Mutante), Kun Chiodi (Music Wins Festival) y Matías Loizaga (PopArt Music / Quilmes Rock) se subieron al escenario para responder a todas esas dudas que tienen tanto público como profesionales que forman parte de la industria.

Con moderación y curaduría de Poroto Catalina, profesional del management, booking y producción de shows en vivo, la conversación giró en torno a los desafíos que enfrentan eventos de música en vivo en la Argentina siempre que busquen sostener un perfil curatorial distintivo, resolver logística en predios y garantizar la viabilidad económica.

Más allá del line-up: la construcción de identidad
Frente a una tendencia de grillas cada vez más heterogéneas, quienes se encargan de la programación de los festivales coincidieron en que la identidad de este tipo de eventos ya no se define únicamente por un género musical, sino por la experiencia y la comunidad.

Speroni destacó que Buena Vibra construyó una impronta propia muy marcada —siendo, por ejemplo, el único festival exclusivamente para mayores de 18 años— y remarcó que “no es un festival de género, sino de idioma” y que, además, “el artista valida al festival y no es al revés” (en contraposición de la creencia histórica de managers y artistas que buscan tocar en un festival para recibir una validación y ganar público nuevo, únicamente, con esa visibilidad que les da pertenecer a un lineup).

En ese sentido, Speroni planteó que el punto de encuentro radica en el mensaje que los proyectos artísticos transmiten desde el escenario y lo que el público busca en él. Respecto a la validación, celebro que Illya Kuryaki & the Valderramas eligiera a Buena Vibra para concretar su regreso tras nueve años y por sobre todas las opciones que tenían (incluso cuando implicara una mayor escala o presupuesto).

Por su parte, desde el Quilmes Rock , Loizaga señaló la complejidad de diseñar narrativas diferenciales con artistas locales que tocan frecuentemente en la ciudad, implementando ventanas de exclusividad y propuestas escénicas únicas para que cada edición cuente una historia singular.

El desafío de los predios y la escala de las experiencias
La elección de los espacios físicos expuso realidades muy dispares según las dimensiones de cada propuesta. Para el Quilmes Rock, la necesidad de albergar a más de 50.000 personas con al menos cuatro escenarios sin recurrir a canchas de fútbol vuelve crítica la disponibilidad de predios: tras años de consolidar a Tecnópolis como sede ideal, la actual licitación del predio abre un escenario de incertidumbre, sumado a las dificultades de instalar eventos masivos en el sur de la ciudad o lidiar con la saturación logística y la convivencia urbana de locaciones céntricas como el Club Ciudad.

En contraposición, formatos boutique como Music Wins y Mutante asumen escalas acotadas sin la aspiración de crecer en volumen de público de forma desmedida. Chiodi explicó que Music Wins prioriza la comodidad y el disfrute —como la posibilidad de tomar algo mientras se mira el show— resolviendo sus necesidades espaciales a partir del feedback continuo de su comunidad y de los propios músicos.

En una sintonía similar, Vega detalló que Mutante concibe su evento para 3.000 personas en el C Art Media como una experiencia integral de música y artes visuales, donde la sustentabilidad económica depende de alianzas estratégicas con el venue y los medios para sostener un ticket accesible en un contexto socioeconómico complejo.

Financiamiento, cruces artísticos y el espacio para lo emergente
La conclusión colectiva fue que el patrocinio de marcas resulta indispensable para amortizar costos operativos, equilibrar el precio de las entradas y, sobre todo, reinvertir en la propuesta artística. Como ejemplo de este impacto, Loizaga recordó que la inversión para traer a Gorillaz al Quilmes Rock permitió propiciar el cruce con Trueno, hito que derivó en colaboraciones de estudio, giras internacionales y proyección global para el rapero argentino.

Hacia el cierre, los oradores coincidieron en la principal deuda pendiente del circuito: generar instancias y escenarios dedicados a proyectos emergentes que aún no cuentan con escala masiva pero resultan indispensables para renovar el ecosistema de la música nacional.