El DalecandELA Fest 5 sella una programación definitiva donde la música recupera su sentido de pertenencia

Con el Puerto Viejo de Getxo como escenario, el DalecandELA Fest 5 completa su programa definitivo apostando por una nómina que entiende la música como un hecho orgánico y vital. La incorporación de Sidonie, Malmö 040, Begut, Mäbu, Marte Lasarte, No quiero y LFD Mambo Express termina de articular un cartel de diecinueve bandas donde conviven la veteranía de Quique González y Kiko Veneno con la carga emocional del regreso de Duncan Dhu.

Más allá de los nombres propios, el festival se reafirma como una trinchera: un evento que utiliza la curiosidad musical para sostener una causa, recordándonos que, en tiempos de ruido estéril, el directo sigue siendo el único formato capaz de agitar conciencias y exigir la dignidad que la realidad, a menudo, nos niega en la lucha contra la ELA.

La música, cuando se despoja de artificios y se alinea con una causa de urgencia social, adquiere una dimensión que trasciende el puro entretenimiento para convertirse en un motor real de transformación. Del 17 al 20 de septiembre, el Puerto Viejo de Getxo se erige de nuevo como un refugio de resistencia y optimismo con la quinta edición del DalecandELA Fest, una cita cuya gratuidad es solo la superficie de una propuesta de calado profundo. Este año, el festival no solo ha completado un cartel que cartografía la mejor escena nacional, sino que ha consolidado su papel como el altavoz más nítido para la batalla de la asociación DalecandELA, que exige una aplicación efectiva y homogénea de la Ley ELA mientras su fundador, Jaime Lafita, protagoniza un desafío deportivo y humano que conecta, literalmente, el Cantábrico con el sur peninsular.

El cartel definitivo, una declaración de principios donde conviven la veteranía, la vanguardia y la sensibilidad poética, se refuerza con nombres que definen el estado actual de nuestra música. La incorporación de Sidonie, Malmö 040, Begut, Mäbu, Marte Lasarte, No quiero y LFD Mambo Express, sumada a la presencia ya anunciada de The Rock&Kids Band y la envergadura de artistas como Quique González, Kiko Veneno, Akatz y Neomak, configura un mosaico intergeneracional de una coherencia envidiable. La sabiduría de Kiko Veneno y el cancionero de madurez de Quique González se entrelazan con la energía ska de los veteranos Akatz y la fusión electrónica de Neomak. Esta arquitectura musical se completa con la nostalgia reivindicada de Duncan Dhu, el vigor guitarrero de Gonzalo Portugal y Still River, la elegancia de Luke Winslow-King, la solvencia de Diamond Dogs y el pop vitalista de La Sonrisa de Julia y Smile, creando una atmósfera donde la música funciona como una geografía compartida.

Esta voluntad de transformación encontró su cauce más urgente en la travesía de Jaime Lafita, quien recorrió novecientos treinta kilómetros en bicicleta tándem hacia Sevilla. No se trató de un simple gesto simbólico, sino de una exigencia política directa: el DalecandELA Fest clamó por la agilización de las ayudas, la implantación del Grado III+ de dependencia en todo el Estado, el impulso de un plan urgente de formación para cuidadores y una inversión estable en investigación científica. La proyección del documental «Death Valley» en los centros CaixaForum sirvió de preámbulo para este compromiso, recordando que el esfuerzo de la asociación, con más de un millón de euros ya destinados a investigación y hitos como la creación del BrainLab de BIOBizkaia, no fue una meta, sino una carrera de fondo contra el tiempo que cobró una vigencia absoluta.

El festival de Getxo se reafirma así como un espacio donde la excelencia artística sirve para iluminar una realidad que no admite más demoras. Es, ante todo, un ejercicio de dignidad colectiva. La música, desde la psicodelia hasta el folk, desde la electrónica hasta el pop de autor, actúa aquí como el tejido necesario para unir voluntades y reivindicar que el derecho a una vida plena debe ser, bajo cualquier circunstancia, el único norte posible. DalecandELA Fest 5 no solo propone una programación musical de primer nivel, sino que nos invita a habitar el presente con la responsabilidad de quien sabe que cada acorde, cada aplauso y cada pedalada son, en última instancia, un acto de resistencia frente a la adversidad.