Joan Schmidt estrena el primer adelanto de su segundo álbum. Una canción construida en el límite exacto donde el lenguaje se agota y empieza otra cosa.
Hay una frontera que los buenos músicos conocen bien y que los grandes cruzan sin pedir permiso. Es la frontera donde el lenguaje cotidiano — ese con el que pedimos el café o llenamos formularios — simplemente no alcanza. Joan Schmidt lleva años orbitando esa frontera. Hoy, con Las Palabras, la atraviesa.
El single, primer adelanto de su inminente álbum Un jardín de un vago rosa, llega a la carrera de este músico y compositor porteño como una declaración de principios disfrazada de canción íntima. Arpegios desestructurados que parecen buscar su forma mientras suenan, un pulso de jazz que no lleva a ninguna parte concreta — y que por eso lleva a todas — y una voz que oscila entre el susurro y algo más profundo, como si hablara desde el fondo de un pozo con buena acústica.
Es tentador catalogar esto. Post-rock con alma folk, dicen los comunicados de prensa, y no están del todo equivocados. Pero la canción hace con los géneros lo mismo que hace con el lenguaje: los usa hasta donde sirven y después los suelta. Lo que queda es una atmósfera, íntima y expansiva al mismo tiempo, que recuerda a los mejores momentos de Bon Iver en sus años de cabaña, o a Nick Drake convenciéndose a sí mismo de que el mundo podría soportar su fragilidad. Con algo de Spinetta navegando entre acordes que deberían chocar y en cambio flotan.
Una carrera construida a fuego lento
Schmidt empezó a dejar huellas en 2018 con Monte, un single solista que ya insinuaba la dirección. Desde 2019 trabaja con el productor Julián Maidana, esa clase de sociedad que define sonidos: Al mismo tiempo, KIEV, La muerte de las miradas. A fines de 2023 llegó El último espacio vacío, su primer álbum de estudio, que funcionó menos como un debut y más como la confirmación de algo que ya se sabía. En 2025 presentó Sesión en Una Casa Enorme, un material audiovisual donde las canciones del álbum mutaron en formato banda, como si quisiera probar que lo que existe en el disco también respira en vivo.
Porque Schmidt trabaja en múltiples registros con la misma seriedad: compuso bandas sonoras para los cortometrajes Betti (2021, Nina Marchi) y Soldado (2022, Luciana Maresca). En vivo — en el Cultural Morán, en el Uniclub — integra danza y actores en escena. No es un gesto de pretensión sino de coherencia: sus canciones siempre parecieron querer más espacio del que un estudio puede darles.
Las Palabras nació como el primer trazo de Un jardín de un vago rosa, co-producido junto a Fabrizio Calabrese. En la sala de ensayo estuvieron Proyecto Gómez Casa en batería y Ramiro Rodríguez Goitia en bajo; Schmidt tomó el resto — voz, guitarras, sintetizadores, arreglos — con la concentración silenciosa de quien sabe que hay cosas que no se pueden explicar, solo construir.
Lo que construyó es una canción que funciona como umbral. Se para exactamente donde el lenguaje se rinde y empieza lo que el lenguaje no puede hacer. Sentir. Presenciar. Quedarse quieto mientras algo pasa.
En un momento donde todo compite por volverse explicable, catalogable, posteable en tres segundos, hay algo casi radical en una canción que propone lo contrario. Las Palabras no te explica nada. Te lleva a un lugar donde ya no hace falta.
“El punto donde las palabras se quedan sin recursos para narrar lo que deberían narrar, y solo nos queda sentir y presenciar.” — oan Schmidt sobre el concepto de la canción

