Haytaró incendia el panorama del pop urbano con el lanzamiento de Villana, el primer single de una nueva era donde la oscuridad, la rabia y el cambio de alineación redefinen por completo el proyecto malagueño.
Hay formaciones que nacen atadas al suelo de su propia inercia y hay otras que, cuando el suelo se mueve, deciden bailar sobre el temblor. En esa segunda órbita se posiciona Haytaró, el proyecto malagueño que ahora reescribe sus propias reglas con el estreno de Villana, un primer single que no clausura el pasado, sino que dinamita los cimientos para inaugurar un tiempo nuevo, rabioso y sin red de seguridad. Lejos de renegar de los siete años de andadura acumulados bajo su anterior etapa como AWA, el colectivo asume la mutación como un acto de honestidad radical. No hay borrón y cuenta nueva artificial, sino una evolución orgánica donde el formato muta sin perder la memoria: la salida de Alba Vegas y la reconfiguración interna sitúan ahora a Bechi Walsh y a Santi en la primera línea vocal, acompañando a MAY B y a Nessie en una alineación total donde confluyen la disciplina coreográfica, la presencia escénica y una ambición pop que ha decidido sacudirse toda pretensión de amabilidad.
Villana funciona como el manifiesto sonoro de esta nueva era, un corte de pop urbano de hechuras contemporáneas que bebe de coordenadas estéticas tan diversas como el filo oscuro de Billie Eilish, la urgencia de Bastille, el pulso orgánico de Hozier, el costumbrismo atemporal de El Kanka y la precisión milimétrica del K-pop de Katseye. Diseñado con la firma lírica de María Reina Padilla (MAY B) como autora principal de las letras con las valiosas aportaciones del resto de la formación, y concebido, grabado, mezclado y masterizado en Chiclana bajo la dirección técnica y la producción de Marko Katier, el tema despliega una arquitectura sonora donde mandan los graves rotundos y casi distorsionados, los ritmos cortantes y unas atmósferas densamente envolventes. Sobre ese colchón instrumental de vocación tan comercial como turbia, el texto disecciona la traición, el choque emocional y la autoexploración sin complejos, reivindicando la sombra frente al cartón piedra de los falsos moralistas en versos tan incisivos como afilados: «En este ambiente de frutos y serpientes, prefiero el lado oscuro a ser la luz de un fluorescente».
Este primer envite adelanta las coordenadas de un próximo álbum conceptual donde la tinta y la sangre funcionan como metáforas gemelas de lo humano. El disco abandona definitivamente el perfil bajo para zambullirse en temáticas que rozan la rabia, la justicia poética, las brechas generacionales y la crudeza de unas relaciones afectivas atravesadas por la incertidumbre y el asfalto. Lejos de buscar la complacencia, el imaginario visual y lírico del proyecto se alimenta de contrastes cromáticos en rojo, negro y dorado, de rosas con espinas, de la filosofía del kintsugi y de una atmósfera nocturna donde el atrevimiento de incomodar se convierte en la única guía posible. La formación, integrada por MAY B, Nessie, Bechi Walsh y Santi, ha apostado conscientemente por un sonido más directo, guiones melódicos lineales pero de estribillos magnéticos, y una contundencia escénica que busca poner el mundo boca arriba como alternativa artística frente a la desazón contemporánea. Con Villana, el proyecto malagueño no presenta una simple canción, sino una declaración de intenciones firmada por quienes han comprendido que el pop actual solo es relevante cuando quema en las manos.
Villana supone el primer aviso de una metamorfosis impecable. Haytaró demuestra que el pop actual no necesita pedir perdón para ser escuchado, abriendo una brecha estética y sonora cuyo impacto se dejará sentir tanto en los escenarios como en la cultura urbana más despierta.

