FIMBA 2026: Fin de fiesta con reggae “sinfónico”, cuerdas del Brasil, Piazzolla a dos pianos y voces locales para cerrar otra exitosa edición del festival que borra fronteras

Con Fidel Nadal, Chelo y Gonzalo Cappagli al frente de Small Axe y la Camerata de la Filarmónica de Río Negro, Bob Marley Sinfónico puso el broche final a los cinco días del Festival Internacional de Música de Bariloche. El Cuarteto Atlas, Piazzolla a dos pianos y las voces de agrupaciones corales locales completaron una última jornada.

Un celebrado tributo sinfónico a la obra de Bob Marley fue el broche de oro, este domingo 20 de setiembre, de la versión 2026 del Festival Internacional de Música de Bariloche organizado por la Secretaría de Cultura de Río Negro, tras cinco días de conciertos que fueron de la música académica a la brasileña, del formato coral a la canción, del tango al flamenco y del folclore al jazz, desafiando las etiquetas para confluir en ese universo común que nos une, que lleva “Música” por nombre.

Con Fidel Nadal, Chelo “Zimbabwe” y Gonzalo Cappagli alternando y uniendo sus voces para hacer Jamming, con el acompañamiento de la banda Small Axe y el respaldo de la Camerata de la OFRN (Orquesta Filarmónica de Río Negro), y el público de pie sumando sus voces a uno de los tantos clásicos del artista jamaiquino que expandió el reggae al mundo, la escena final de la sexta edición del encuentro creado en 2019 por Martín Fraile Milstein quedará en el recuerdo como una más de sus tantas noches inolvidables.

Atrás quedaba una lista de 15 canciones entre las cuales esas que, aunque no lo sepamos, “sabemos todos” fueron mayoría. A saber: Stir It Up, Waiting in Vain, I Wanna Love You, entre otras, con la voz de Chelo al mando; One Drop y So Much Trouble in the World entre las que abordó Cappagli; una versión de Concrete Jungle que tuvo a una de las coristas de la banda al frente; y Get Up Stand Up, Exodus, Coming from the Cold y Three Little Birds, dentro del bloque liderado por Nadal.

Mucho antes también había quedado atrás la intriga de saber cómo “sonarían” esos temas que forman parte del inconsciente colectivo de buena parte de varias generaciones en un formato “sinfónico” poco habitual para el género. Pero de eso se trata precisamente y entre muchas otras cosas, el FIMBA: de disolver las fronteras que caprichosamente, o por obra y gracia de nuestros caprichos, pretenden dividir lo indivisible.

No hizo falta que transcurriera mucho para comprobar que la suma de las partes daba más que la simple suma de las partes, y que el resultado daba ganador, con las cuerdas aportando “colchones” armónicos o realzando melodías, los vientos intrusando de manera atinada pasajes en los que habitualmente habita el silencio, los chelos y el contrabajo sumando espesura en el rango de los graves…

Una construcción en tiempo real conducida por Marko Sanfelices, brillante director chileno enfundado en brillos para la ocasión, que como toda construcción siempre encuentra detalles para ajustar. En ese punto, los especialistas podrán hablar de de alguna “duplicación” de capas sonoras, o de algún conflicto de volúmenes entre el mundo enchufado y el acústico, y estarían en lo cierto; nada que haya puesto en cuestión lo acertado de la apuesta de los programadores del Festival.

Párrafo aparte para los maestros de ceremonia Cappagli, Chelo y Nadal, estos dos últimos legendarios embajadores del reggae en la Argentina, volcando todo el peso de su conocimiento de un repertorio que llevan incorporado en cuerpo y alma. Como parece llevar en el suyo el público barilochense a la Filarmónica rionegrina, a cuyos integrantes alienta como si se tratara de su equipo de fútbol favorito.

Cuerdas de Brasil y pianos porteños
En la ultima jornada del FIMBA 2026, el Camping Musical Bariloche fue escenario de dos propuestas de notable factura. El Cuarteto Atlas en el primer turno, ofreció un programa compuesto por el Cuarteto N°5 de Héitor Villa-Lobos, la obra Fantasia Cinema, de Ricardo Cándido, y el Cuarteto N°8, Op.110 de Dmitri Shostakovich; en tanto que sobre la caída de la tarde, Daniela Salinas y Lilia Salsano presentaron un repertorio piazzolliano adaptado al siempre atractivo formato de dos pianos.

Con una interpretación sin fisuras, el cuarteto carioca integrado por los violinistas Ricardo Amado y Carlos Mendes, el violista Ricardo Taboada y el violonchelista Ricardo Santoro transitaron entonces una primera parte durante la cual los colores del Brasil aparecieron una y otra vez en las pinceladas sonoras con que Villa-Lobos dio identidad a su obra, para luego entrar en el universo cinematográfico a través de melodías reconocibles en principio, transformadas en una suerte de suite que pasó por películas como Misión imposible, E.T., Indiana Jones y La guerra de las galaxias, entre otras.

Finalmente, la obra de Shostakovich planteó un cambio de clima, a partir de su carácter introspectivo y sombrío, inspirada por la Dresden destruida de finales de la Segunda Guerra Mundial, dedicada “a la memoria de las víctimas del fascismo y de la guerra”, y convertida con el paso del tiempo, por obra y gracia de la persecución a la que el compositor fue sometido por el régimen soviético, en una suerte de autobiografía que el cuarteto carioca tradujo en un momento musical de especial intensidad y emoción.

Más tarde, con la oscuridad apoderándose del entorno magnífico del Camping, a las orillas del Lago Moreno y a la vista de una multitud de picos nevados, Salinas y Salsano ofrecieron un menú de versiones a dos pianos de Ástor Piazzolla, que tuvo entre sus platos fuertes piezas como Adiós Nonino y La muerte del Ángel, además de una soberbia interpretación de las Estaciones porteñas, con un final interrumpido por un corte de energía que por un instante dejó a la sala iluminada por los celulares, mientras el dúo recorría el tramo final de su presentación, que terminó a toda luz y a todo aplauso.

Voces locales que no paran de crecer
No pudo ser mejor la elección de la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi para la presentación en el FIMBA 2026 de Niños y jóvenes cantores y la Agrupación Coral Bariloche, que bajo la dirección y preparación de Gimena Altmann Beveraggi, y con Arnar Redel y Juan Krszewski como pianistas invitados, recorrió un variado repertorio que alternó piezas de carácter religioso como Ave Maris Stella (Edward Grieg) y Jesu meine Freude (Jesús mi alegría), de Johann Sebastian Bach, con obras seculares como Los pájaros (Carlos Gustavino), The Sound of Music (Rodgers y Hammerstein) y Canción de cuna india (Gilardi), entre otras.

Una selección de títulos que también incluyó, en las voces de la Agrupación Coral Cantores de Bariloche, integrada por quienes ya superaron los 18 años, piezas como La tarde (C. Guastavino) y Zamba azul (arr.: Horacio de la Vega), además de Mid Winter (B. Chilcott) y Aleluya (R. Thompson).

En el marco que ofrece la bella e imponente obra maestra de Alejandro Bustillo, la propuesta planteó la disposición de distintas formaciones -grupos de cámara, grupo de niños y niñas, grupo de jóvenes y ensamble de flautas dulces- en diferentes espacios del templo, para finalmente confluir en un final que unió a todas las agrupaciones para la interpretación de Open Thou Mine Eyes (J. Rutter) y Vivimos en nuestras montañas, una obra que funciona como una suerte de himno de identidad de la propia agrupación coral, que año tras año da testimonio de un crecimiento constante, basado en un trabajo sostenido, realizado en y por la comunidad local, cuyos resultados encuentran en el FIMBA un espacio inmejorable para ampliar su alcance.