Con trece canciones y una propuesta centrada en las colaboraciones vocales, el músico, compositor y productor argentino explora distintas facetas de la canción romántica. «Una Razón» se destaca por su impronta de balada española y los matices de su interpretación.
Willy Poch reúne en SER un repertorio de trece canciones atravesadas por temas como las pérdidas, la autenticidad y los nuevos comienzos. El álbum propone un recorrido por experiencias personales y vínculos afectivos, con la canción melódica como uno de sus principales puntos de referencia.
Según la presentación del proyecto, el disco se construye a partir de la participación de distintas cantantes, una decisión que introduce variedad de voces y enfoques interpretativos. El formato colaborativo permite recorrer diferentes registros dentro de un universo musical que se mueve entre el romanticismo, el bolero y la balada.
Más que responder a una única dirección estilística, SER se organiza alrededor de una temática común: los cambios que atraviesan la vida personal y la búsqueda de una identidad propia. Las canciones abordan estas cuestiones desde el terreno de la emoción y las relaciones humanas, sin alejarse de las convenciones de la canción popular.
«Una Razón», entre la balada española y la interpretación vocal
Entre los temas del álbum, «Una Razón» se inscribe en la tradición de la balada española. La composición privilegia el desarrollo melódico y la expresividad vocal, dos elementos centrales en un género donde la interpretación resulta determinante para transmitir el contenido emocional.
La canción encuentra uno de sus aspectos más interesantes en los matices de la voz, especialmente en los cambios de intensidad y en la manera de abordar las frases. En lugar de apoyarse únicamente en la potencia vocal, la interpretación trabaja con distintos grados de expresividad, un recurso que contribuye a definir el carácter romántico del tema.
Su orientación estilística también la distingue dentro del repertorio: mientras el álbum reúne diferentes sensibilidades a través de sus colaboraciones, «Una Razón» se apoya en un lenguaje reconocible, asociado a la balada de tradición española. La melodía y la interpretación ocupan aquí un lugar central, por encima de la búsqueda de una sonoridad experimental.
Una trayectoria entre la música, el teatro y la producción internacional
Músico, compositor y productor, Willy Poch comenzó su formación artística desde muy chico como solista de coros en comedias musicales y operetas, con experiencias en escenarios emblemáticos como el Teatro Colón, el Teatro San Martín y el Teatro Cervantes. Ese primer contacto con el trabajo vocal y la interpretación escénica fue el punto de partida de un recorrido que, con los años, incorporaría la composición, la producción y la música para otros formatos artísticos.
En su formación musical estudió con Juan del Barrio, vinculado a Spinetta Jade y Los Abuelos de la Nada; con Fran Ojstersek, también relacionado con Spinetta Jade; y en la escuela del guitarrista Walter Malosetti. Más adelante, participó como músico y compositor en las bandas Suez, Insitu y Son del Sur, compartiendo escenarios con figuras como Julia Zenko, León Gieco y Teresa Parodi, entre otros referentes de la música argentina.
Una etapa decisiva de su carrera transcurrió en Milán, Italia, donde vivió durante diez años. Allí trabajó con Marco Zanelli, productor asociado a artistas como Laura Pausini, Eros Ramazzotti y Zucchero Fornaciari, además de su vínculo con el Festival de San Remo. La experiencia europea amplió su horizonte profesional y lo acercó a otros circuitos de producción musical, una dimensión que complementa su trabajo como intérprete y compositor.
De Corazón Dormido a la composición escénica y audiovisual
Antes de SER, Poch desarrolló una discografía solista que incluye Corazón Dormido, álbum que contiene «Montserrat», canción distinguida como mejor tema por las publicaciones españolas Cantautores del Mundo y Musicazo. La obra también forma parte del Archivo de la Memoria Histórica de la Generalitat de Cataluña, en España, según la información biográfica del artista.
Su actividad compositiva se extiende más allá del formato discográfico. Poch participó en obras teatrales como En el país de Perbrumón, de Carlos Vittorello, y Así de Perras y Gotas de Universo, con dirección de Lito Cruz. A ese repertorio se suman Pan de Piedra, A mi Juego me han Llamado, Troianísima, Muertos de Risa, Los descuentos de Yoyó, Un Pedacito de Vuelo, Freak Show y Prohibido Suicidarse en Primavera.
También compuso música para cine. En ese terreno, su canción «Intentando» ocupa un lugar destacado en el cortometraje multipremiado Pechito, hijo de la vida. Su trabajo en distintos lenguajes escénicos y audiovisuales revela una práctica musical que no se limita a la interpretación de sus propias canciones, sino que abarca la creación de piezas concebidas para acompañar historias, personajes y puestas en escena.
Entre sus trabajos discográficos posteriores figura Luz Divina, señalado como su último álbum en la información biográfica disponible. Este recorrido permite situar SER dentro de una carrera construida entre la canción de autor, las colaboraciones, la producción internacional y la composición para teatro y cine.
La canción romántica como hilo conductor
La presencia de distintas voces es uno de los rasgos estructurales de SER. En lugar de desarrollar el álbum exclusivamente desde una única perspectiva interpretativa, Willy Poch incorpora colaboraciones que amplían el registro expresivo del conjunto.
El resultado se sitúa en un territorio musical que prioriza las melodías y las historias personales. La propuesta recupera recursos propios de la canción romántica y los articula en torno a una reflexión sobre la identidad, las pérdidas y la posibilidad de comenzar de nuevo.
Con SER, Poch presenta un trabajo que se inscribe en la tradición de la canción melódica y encuentra en las colaboraciones su principal elemento distintivo. Dentro de ese recorrido, «Una Razón» representa su vertiente más cercana a la balada española, con una interpretación en la que los matices vocales constituyen el aspecto más relevante.
Más que un punto de llegada, el álbum se incorpora a una trayectoria que ha transitado escenarios teatrales, bandas, proyectos internacionales y composiciones para la pantalla. En ese cruce de experiencias, SER vuelve a poner la canción en primer plano: como espacio para explorar los vínculos, expresar las pérdidas y abordar la posibilidad de volver a empezar.
Más que un punto de llegada, el álbum se incorpora a una trayectoria que ha transitado escenarios teatrales, bandas, proyectos internacionales y composiciones para la pantalla.

