Alba Carmona junto a Jesús Guerrero y solistas de la Orquesta Filarmónica de Río Negro y la Orquesta Infantil Argentina protagonizaron una primera jornada marcada por la diversidad, los cruces musicales y una fervorosa respuesta del público.
Con dos propuestas tan diferentes como complementarias, el Festival Internacional de Música de Bariloche (FIMBA) puso en marcha este miércoles 16 de septiembre una nueva edición con una notable respuesta del publico que en ambos casos recompensó con sendas ovaciones la entrega de los artistas, quienes a través de sus repertorios tendieron puentes entre diversos lenguajes, estilos y tradiciones musicales.
La apertura del encuentro, organizado por la Secretaría de Cultura de Río Negro, tuvo como protagonista a la OIA (Orquesta Infantil Argentina), una formación creada en 2015 por Fundación SOIJAr (Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Argentina), integrada en esta ocasión por una centena de talentosísimos músicos de entre 9 y 15 años provenientes de todo el país, que bajo la batuta de su director invitado Juan Miceli abrió las puertas a una maravillosa experiencia al público que con la tarde soleada en retirada colmó la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi.
En ese marco, desde el vertiginoso inicio de la Farandole, el movimiento final de la Suite N° 2 L’Arlesianne, de Georges Bizet, la presentación de la OIA transitó un desarrollo que no sólo provocó la aprobación unánime de un notable trabajo de concertación realizado durante los apenas tres días de convivencia y preparación conjunta que tuvieron los chicos, sino que despertó múltiples emociones en el público.
Enseguida, siempre bajo la conducción de Miceli, director musical invitado de la Orquesta Académica del Teatro Colón, la orquesta redobló su apuesta a su conquista del auditorio barilochense con Los toreadores, sin duda alguna el aria más famosa de la ópera Carmen, que conocida como la Canción del toreador que, como sucede con las piezas que instaladas en la memoria colectiva, impone siempre el desafío de hacer que vuelva a sonar como si acabara de ser descubierta.
Merced a una concertación que atendió a las particularidades de cada sección y que, al mismo tiempo, potenció la capacidad de los jóvenes músicos de construir un sonido común, la prueba fue superada con creces, a través de una interpretación compacta y plena de matices, que se acentuaron aún más cuando el programa se detuvo en la Danza de la Bacchanale, de la ópera Sansón y Dalila, de Camille Saint-Saëns.
Allí pareció haber un misterio por descubrir, develado sucesivamente por chelos, violines y oboe, hasta alcanzar un caudal sonoro que adquirió una dimensión particularmente envolvente dentro de la maravillosa arquitectura neogótica diseñada por el arquitecto Alejandro Bustillo a mediados de la década de 1940, rendida al caudal musical desplegado por la OIA.
La presentación de cada obra, a cargo de chicos de Catamarca, La Rioja, la provincia de Buenos Sires y otras provincias argentinas, dejó en evidencia el carácter federal del proyecto que a través de una vivencia transformadora de aprendizaje, excelencia y convivencia musical se orienta a fortalecer la presencia territorial de la Red SOIJAr, que impulsa el intercambio sociocultural entre regiones y visibiliza la labor de los Núcleos Orquestales en la Argentina, consolidando sus alianzas estratégico-público-privadas.
Si algo faltaba para coronar de la mejor manera el concierto inaugural del FIMBA 2026, el Danzón Nº 2, del compositor mexicano Arturo Márquez, y en este caso con la dirección de Valeria Atela, directora-fundadora de SOIJAr, trazó a través de sus complejas capas sonoras y su ritmo pegadizo un repentino viaje del romanticismo francés del Siglo XIX a las viejas danzoneras de Veracruz, una suerte de escala antes de llegar, y nuevamente al mando de Miceli, a la pampa argentina con una versión arrasadora del Malambo que Alberto Ginastera compuso para su ballet Estancia.
Un final puso al público de pie, para recompensar durante varios minutos el desempeño de la Orquesta Infantil Argentina, que volvió a ocupar sus atriles para entregar una segunda interpretación de la Farandole, antes de que sus integrantes emprendieran su regreso para desparramar por todas las regiones de la Argentina los aplausos que quedaron resonando también entre los muros infinitos de la Catedral.
Del universo sinfónico al flamenco y algo más
Apenas unos minutos más tarde, Alba Carmona y el guitarrista Jesús Guerrero propusieron desde la música un cambio de paisaje, con el repaso de su proyecto Ofrenda, que la cantante catalana de padres malagueños presenta en sociedad como un trabajo íntimo concebido como acto de entrega y devoción musical, donde conviven el tango, los cantes de ida y vuelta, el pasodoble, las nanas andaluzas y la fiesta popular, tamizados por una mirada contemporánea y una voz antigua y honda.
Precisamente, en esa voz el tango se vistió de flamenco y encontró complicidad en el bandoneón de Daniel Ruggiero el resto del ensamble de solistas de la OFRN (Orquesta Filarmónica de Río Negro), una vez más anfitriona del FIMBA, para estableces desde el principio, una conexión entre artistas y público, que se fue profundizando con cada interpretación de Carmona y Guerrero, quienes a lo largo de poco menos de una hora y media convirtieron el Teatro La Baita en una peña flamenca, por momentos casi tablao y, también, una peña folclórica argentina.
Punto de encuentro, espacio de intercambio, el festival creado en 2019 por Martín Fraile Milstein, director de la OFRN, es un gran escenario por el cual las músicas suenan, se mueven y desplazan sin fronteras entre estilos y géneros, como sucede con la obra de Carmona y Guerrero, que pone su virtuosismo como guitarrista al servicio de canciones que abrazan, seducen y conmueven.
Sobre el improvisado tablao, Carmona canta también con el cuerpo, camina bailando y baila caminando, abre los brazos, mueve la falda y su figura se hace sinuosa como su voz, suave y áspera, potente y sutil, y encuentra en Guerrero un interlocutor capaz de hacer fluir el flamenco hacia otros territorios sin desdibujar jamás su origen.
Con ese espíritu sobrevolando la sala, Darte luz, la bellisima Ramita de limón verde, surgida de un cruce de percusiones, guitarra y palmas, fueron mostrando distintas caras de una propuesta en la que los lenguajes parecían mezclarse con absoluta naturalidad. Y si en alguna canción de los ‘80 Fito Páez planteaba que era lo de menos que una música fuera folclore o no, Alba bien podría cantar que lo mismo pasa con el flamenco, la chacarera o la cueca.
Entonces, tiene lógica que aquel Take This Waltz con el que Leonard Cohen adaptó al inglés el hermoso poema Pequeño vals vienés, del escritor granadino Federico García Lorca, haya llegado a la Patagonia argentina a través de la versión flamenca de Enrique Morente, que Carmona y Guerrero hicieron suya conectando tres universos unidos por una misma sensibilidad antes que por cualquier clasificación estilística.
La música volvió así a funcionar como puente y espacio de amalgama, y el público entendió claramente la invitación, para sumar sus voces y sus palmas a la percusión que el dúo creó desde la caja de la guitarra, los nudillos contra la mesa o todo aquello que pudiera ser su instrumento. O sea, casi todo.
Cantó cuando Carmona lo convocó a hacerlo, calló para dejarse envolver por el Pasodoble de Dolores, admiró la destreza de Guerrero al mando de las seis cuerdas, acompañó con palmas El oro, con un tímido coro una versión preciosa de Chiquilín de Bachín, ya nuevamente con los solistas de la OFRN, que encontraron espacio para su lucimiento en los arreglos que Popi Spatoco creó para La arenosa, ese tesoro compuesto por Manuel José Castilla y Gustavo “Cuchi” Leguizamón con el que Carmona y Guerrero cerraron una inmejorable jornada inaugural del FIMBA 2026, para recibir del público una ovación interminable. También, una ofrenda.
Este jueves, Brasil, tango, canción y música urbana
La diversidad planteada durante la apertura tendrá continuidad este jueves 17 con cuatro propuestas. Hamilton de Holanda, uno de los grandes referentes del bandolim y de la música brasileña contemporánea, llegará al Teatro La Baita con su universo construido desde el choro hacia el jazz y la improvisación, con funciones a las 17.30 y 20.30.
A las 19.30, en Puerto San Carlos, comenzarán además los showcases del Mercado de Música Patagónico, con la chilena Elizabeth Morris, La Ferni y el barilochense Tobi Dolezor, en un encuentro que volverá a ampliar el mapa desde la canción de raíz hasta los lenguajes urbanos.
Y a las 20, en la Biblioteca Sarmiento, el Daniel Ruggiero Cuarteto propondrá otro recorrido por el tango, combinando composiciones propias y nuevas miradas sobre el repertorio de Astor Piazzolla.

