45 AÑOS de THE EVIL DEAD – DIABÓLICO en el Centro Cultural Munro

Hay películas que se ven. Y hay películas que se sobreviven. Hace 45 años, un grupo de veinteañeros se metió en una cabaña, con dos pesos, litros de sangre falsa y una cámara que parecía tener vida propia, y salió de ahí con algo que todavía hoy late como una descarga eléctrica. The Evil Dead no sólo redefinió el terror: lo desordenó, lo ensució, lo volvió físico, casi incómodo, como si el cine mismo estuviera poseído. Lo que Sam Raimi hizo no fue “asustar”: fue inventar una forma. Una cámara que corre como un demonio entre los árboles, cuerpos que se retuercen más allá de lo humano, humor negro filtrándose en medio del horror más crudo. Todo con una precariedad feroz que, lejos de ser una limitación, se convirtió en estilo. Ahí está la clave: no hay distancia. La película te agarra y no te suelta.

Y después, claro, vino el escándalo. Prohibiciones, debates morales, políticos viendo fragmentos en el parlamento como si fueran pruebas de un crimen cultural. Pero como suele pasar, lo que intentaron esconder terminó creciendo. De culto, de VHS en VHS, de boca en boca, hasta volverse una referencia inevitable, una especie de manual salvaje para cualquiera que quiera hacer cine con las manos y el cuerpo: esta función no es solo una celebración. Es una invitación a volver a ese momento donde todo era posible —y bastante peligroso también— a reencontrarse con una película que no envejeció porque nunca quiso ser correcta. Y a entender por qué, 45 años después, sigue siendo menos un clásico… que una experiencia comunal y celebración del cine clase B.

45 AÑOS
de
THE EVIL DEAD – DIABÓLICO
en el
CENTRO CULTURAL MUNRO
Domingo 24 mayo – a las 18.30 hs
(Vélez Sarsfield 4650, Munro)
Entrada gratuita por orden de llegada

The Evil Dead
Dir. Sam Raimi

Sinopsis: Cinco amigos viajan a una cabaña en el bosque, donde sin saberlo liberan demonios poseedores de carne.

En The Evil Dead, Bruce Campbell convierte a Ash en algo más que un protagonista: un cuerpo llevado al límite, donde el miedo se vuelve físico, casi coreográfico. Su actuación se apoya menos en la psicología que en la resistencia, en cómo soportar lo imposible sin perder del todo el control. Bajo la dirección de Sam Raimi, ese exceso encuentra un tono único, donde el horror convive con una energía incómodamente lúdica. De ahí nace una figura que no es héroe ni víctima, sino alguien que sobrevive transformándose.