A pesar de que su trayectoria profesional no ha hecho realmente más que empezar y de que a buen seguro le espera por delante un apasionante mundo de aventuras musicales, Yerai Cortés ya va camino de convertirse en un clásico. Y es así porque además de ser lo más cool que le ha pasado al flamenco en mucho tiempo —y el hecho de utilizar ese término anglosajón ya denota su irresistible contemporaneidad—, su música destila una serenidad y una madurez insólitas para su exultante juventud.
Tras el impacto causado por su primer álbum, La guitarra flamenca de Yerai Cortés, espoleado por el terremoto causado por la película del mismo título que dirigió Antón Álvarez (C. Tangana), con sendos premios Goya al mejor documental y a la mejor canción —“LOS ALMENDROS”— en 2025, propiciando su nominación al Latin GRAMMY® en la categoría “Mejor Nuevo Artista”.
El lanzamiento de POPULAR, su segundo álbum, no va a hacer sino refrendar el potencial de un guitarrista que, más allá de sus innegables capacidades técnicas, posee el valioso don de una creatividad desbordante.
El universo de bulerías, seguiriyas y malagueñas que incluía La guitarra flamenca de Yerai Cortés se ve ahora expandido con una verdadera eclosión de palos y variantes que forman parte de un deslumbrante caleidoscopio flamenco, que no hace sino rubricar su vasta cultura musical.
Allí subyacen un deseo de abrirse a nuevos sonidos y una voracidad que nos hacen pensar que los lemas del surrealismo están hechos a medida para él. “La belleza será convulsiva o no será”, afirmaba André Bretón, que parecía estar hablando de Yerai. Y a Paul Éluard se atribuye la frase “hay otros mundos, pero están en este”, que, aunque se la apropió la publicidad de un conocido perfume, a la música de este carismático guitarrista le sienta como un guante. Ese caleidoscopio lo es no solo por la variedad de palos flamencos y registros que reúne POPULAR, sino también por la diversidad de las procedencias geográficas de sus canciones.
Pero, por encima de todo, están el genio creativo y la originalidad y singularidad de su propuesta tanto musical como escénica. Ver sobre el escenario a Yerai Cortés con nada más que su guitarra y rodeado por seis mujeres que cantan y tocan palmas es tan desconcertante al principio como fascinante después. El resumen es sencillo: seis cuerdas, seis voces. Lo difícil es descifrar la magia contenida en una propuesta semejante.
Por otro lado, desgranar las canciones que incluye este nuevo disco equivale a desvelar sus misteriosos secretos. POPULAR se abre con “GAZPACHUELO”, unos festivos verdiales malagueños, que son lo más parecido a una rave que hay en el universo flamenco. El tema recoge recuerdos familiares con olor a olla de gazpachuelo y con el trasfondo de un hipnótico ritmo tribal y atávico. Por otro lado, las raíces moriscas de la zambra “PA NÁ” reflejan una melancolía que se palpa sobre todo en ese estribillo que dice “era oro todo el cariño que a ti te había dado”. Y los fiesteros y vitalistas tangos por rumbas de “LIRILI” convierten ritmo y compás en el binomio perfecto. Alimento para el alma.
Llega después un bloque que abren dos farrucas que conforman una especie de pequeña suite. La jondura de hechuras clásicas de “COMO DECÍAN LOS MAESTROS” equivale a llenar el vacío de la forma más bella posible. Mientras que “LO DEJO TODO” propulsa el alma flamenca de Yerai hasta alcanzar al final una velocidad de vértigo. Y la serrana “REBELÁ”, telúrica y pegada a la tierra, suena sutilmente fresca y natural.
Resulta delicioso, por otro lado, volver a escuchar “SULAO”, una colombiana que se ha ido degustando en sus directos recientes, una canción de amor con una melodía preciosa que establece esa simpática rima entre volao y sulao: “mira que he volao, mira que he volao, y ningún vuelo me lleva a su lao”. Después, con una increíble naturalidad, crea pura poesía jonda con el romance instrumental “GUITARRA CORAL”, que contiene un guiño final al popular “Anda jaleo”. Y en su “TARANTA DE ALICANTE” expresa su deseo de trascendencia en un quejío de profundidad abisal en el que se puede escuchar su respiración/suspiro.
El bloque final recupera el lado más alegre del flamenco, empezando por la encantadora liviandad de las cantiñas “NI EN LOS PUERTOS ITALIANOS”, con ese sonido del plectro que remite a la mediterraneidad y a la tarantela, pero también a las jotas extremeñas, y en el que se puede escuchar un divertido “¡viva el Castillo de Santa Bárbara!”, de su Alicante natal. Y “NI EN LOS CAFÉS PARISINOS”, en clave de bulerías festeras, es su continuación lógica, formando un tándem insuperable.
“PIOPIO” es un cuplé por bulerías en forma de serenata bajo el balcón, en el que Yerai canta su arrepentimiento: “dile que soy un hombre nuevo”. Y la despedida llega de la mano de una jubilosa rumba, “ROTO X TI”, una alegre canción de amor, en la que incluso se adivina un leve aire de bossa nova. Un broche perfecto, del que se podría decir que es como cuando en las películas hay un final feliz.
Un disco del que, haciendo honor a su título, se podría decir que Yerai Cortés ha apelado en él tanto al alma popular del flamenco como a su vertiente más culta e inteligente. Porque, tal como decía el filósofo griego Tales de Mileto, “lo difícil se consigue con esfuerzo, lo imposible con inteligencia”.

