Héctor Olivera es una de las grandes figuras del cine argentino, un director, productor y guionista cuya obra atraviesa la historia del país con una lucidez poco frecuente. Desde títulos fundamentales como La Patagonia rebelde o La noche de los lápices, hasta su trabajo como productor junto a Fernando Ayala en Aries Cinematográfica, Olivera construyó un cine capaz de moverse entre lo popular y lo político, entre la industria y la necesidad de contar aquello que el país no siempre estaba listo para ver. Más de cien películas dan cuenta de esa mirada amplia, incómoda y profundamente comprometida con su tiempo.
En ese marco, Vicente López Ciudad del Cine, propone un homenaje que es también un reencuentro: una función de La patagonia rebelde pensada para volver a ver su cine junto a su público, su gente, su historia, sus colegas, para celebrar a Olivera en comunidad y reconocer en sus imágenes no solo un pasado, sino una forma de seguir pensando el presente. Porque en las películas de Olivera hay algo que persiste —una tensión entre memoria e historia, entre relato y realidad— que hace que cada proyección sea, todavía hoy, un acto vivo.
HOMENAJE A HÉCTOR OLIVERA
Viernes 15 de mayo – 20.30 hs
CINE YORK
(Juan Bautista Alberdi 895, Olivos)
Entrada gratuita por orden de llegada
La patagonia Rebelde
Dir. Héctor Olivera
Sinopsis: En 1920, unos obreros de la Patagonia argentina, agrupados en sociedades anarquistas y socialistas, deciden hacer una huelga exigiendo mejoras laborales. La situación se hace insostenible y el gobierno de Yrigoyen manda, desde Buenos Aires, al teniente coronel Zavala para que restablezca el orden.
La película de Héctor Olivera se sostiene como un documento vital que captura una de las zonas más incómodas de la historia argentina con una claridad inusual. Lejos de limitarse a la reconstrucción, convierte el pasado en una experiencia presente, urgente y profundamente política. Su potencia radica en esa mezcla entre rigor histórico y una puesta en escena que no esquiva el conflicto. A más de medio siglo de su estreno, sigue siendo una obra única, irrepetible en su forma y en su impacto. En ese gesto, Olivera no sólo filmó una película: dejó una huella imprescindible en la memoria colectiva.

