Culminó la Fiesta Federal de las Orquestas Infantiles y Juveniles: cierre y balance de un encuentro inolvidable con tres noches de música, formación y convivencia cultural en Chascomús, compartidas por más de 450 chicos de todo el país junto a grandes artistas invitados.
“El Festival” SOIJAr 2026 cerró este sábado 31 de enero en Chascomús, Capital Nacional de las Orquestas Infantiles y Juveniles, una nueva edición, consolidándose como uno de los encuentros culturales y pedagógicos más relevantes del país, no sólo por la excelencia artística de sus conciertos sino, fundamentalmente, por el sentido social, educativo y comunitario que atraviesa cada una de sus propuestas.
Durante tres noches consecutivas, en el Parque Libres del Sur, 450 jóvenes músicos de todas las provincias de la Argentina compartieron escenario con artistas consagrados y de estilos diversos que generosamente brindaron su talento al “El Festival” como Nahuel Pennisi, Patricia Sosa, Sandra Mihanovich e integrantes de La Bomba de Tiempo; con directores de prestigio de la talla de Guillermo Scarabino, Ezequiel Silberstein, Hadrian Ávila Arzuza y Popi Spatocco y referentes de la cultura, en un clima de aprendizaje, integración y celebración colectiva.
En su nueva edición, “El Festival”, organizado por Fundación SOIJAr (Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Argentina) con el con el apoyo y acompañamiento del Consejo Federal de Inversiones (CFI), el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y de la Municipalidad de Chascomús, volvió a poner en el centro a la música como herramienta de transformación: un lenguaje común capaz de reunir generaciones, trayectorias y miradas diversas, y de construir ciudadanía desde la práctica artística compartida.
“Para cualquier músico, tocar con almas que tienen sueños e ilusiones y que ponen todo a través de la música es algo maravilloso” (Nahuel Pennisi)
Primera noche: apertura, identidad y emoción colectiva
Desde el concierto inaugural, “Semillas de nuestra tierra”, quedó planteada la importancia de la música como instrumento de una integración que quedó reflejada en la continuidad estética lograda a lo largo de la presentación de la Orquesta-Escuela de Guitarras y la orquesta Pre-Infantil “María Elena Walsh”, agrupaciones ambas de la Orquesta-Escuela local, y la Orquesta Infantil Argentina, integrada por 130 chicos de entre 9 y 15 años de todo el territorio nacional, que transitaron junto a Nahuel Pennisi, Florencia Otero y el trío marplatense Vox Popurri un repertorio que recorrió el folclore argentino y rindió tributo a maría Elena Walsh.
El clima de integración fue destacado, precisamente, por Pennisi, quien subrayó el valor humano de la experiencia: “Fue un concierto que voy a recordar para siempre, sobre todo por la integración con los chicos y por cómo la gente se copó. Para cualquier músico, tocar con almas que tienen sueños e ilusiones y que ponen todo a través de la música es algo maravilloso”.
En el mismo sentido, Otero, en su primera participación en el festival, destacó la dimensión humana del proyecto: “Ver a chicos desde muy pequeños compartiendo su arte, teniendo instrumentos y acceso al estudio de la música, y conocer también a sus familias, vuelve todo esto algo mágico. Compartir Luna tucumana en este contexto fue profundamente emocionante”.
Segunda noche: el valor de la experiencia orquestal
La segunda jornada -Ritmos de Latinoamérica – “Fiesta al atardecer”, profundizó el eje formativo y social del festival, con un exigente repertorio formado por obras de compositores Latinoamericanos y el gran George Gershwin, que expuso a través de la Orquesta Filarmónica SOIJAr, formada por 80 jóvenes “multiplicadores” que amplifican la experiencia sus propios territorios, la fuerte presencia del trabajo colectivo.
El periodista Nelson Castro, invitado especial del encuentro en el doble rol de presentador y director, puso palabras al sentido profundo de lo vivido durante esos días: “La experiencia de las orquestas representa algo fenomenal desde el punto de vista artístico y social. Estos chicos están viviendo un experimento social extraordinario. En una orquesta todos se escuchan, todos lideran en algún momento y todos aprenden a acompañar”
“Vivimos un momento de belleza para el alma único. Estos chicos son patrimonio cultural de la Argentina” (Nelson Castro)
Castro trazó además un paralelismo entre la práctica orquestal y la vida en sociedad: “Acá había gente que piensa A, B, C, D, J… En la orquesta también. Todos convivimos. Y vivimos un momento de belleza para el alma único. Imaginen si la sociedad fuera una orquesta sinfónica como esta. ¡Cómo serían las cosas!”.
Para el periodista, “Lo que vivimos estos tres días, la calidad de los artistas que tuvimos, del público… Esto demuestra el valor de la cultura. Estos chicos son patrimonio cultural de la Argentina” y una demostración concreta del valor de la cultura como espacio de convivencia.
Participante también de la segunda jornada, el maestro Scarabino, de repetida presencia en el encuentro, valoró el trabajo sostenido de la Fundación: “Conozco desde hace años lo que hace Valeria Atela -Directora Fundadora de Fundación SOIJAr- con su equipo. Colaborar en este festival ha sido un gran placer”.
En idéntico sentido se manifestó el maestro Ezequiel Silberstein, uno de los directores argentinos más destacados de su generación, quien no ocultó su emoción por compartir varias jornadas de ensayos con chicos y chicas de todo el país, “de Ushuaia a La Quiaca”. Pero además hizo hincapié en el repertorio, que describió como “muy desafiante para músicos y músicas de todas las edades, que vienen preparados. Fue sentir una energía y ganas de aprender y crecer juntos.”
En tanto, su colega Hadrian Ávila Arzuza y el cuarteto de integrantes de La Bomba de Tiempo que sumaron su contribución al Festival, coincidieron en destacar por un lado la pasión por hacer música y también el clima de comunidad, aprendizaje y alegría que se vivió durante las tres jornadas.
Tercera noche: legado, transmisión y futuro
La noche de cierre, protagonizada por la Orquesta Juvenil Argentina, un seleccionado nacional de 130 músicos de entre 15 y 21 años bajo la batuta del maestro Popi Spatocco, con la participación de Sandra Mihanovich, Marcela Morelo y Patrcia Sosa como cantantes invitadas, el guitarrista Leonel Iglesias y el percusionista local Manuel Bohórquez, estuvo marcada por la celebración de la identidad musical argentina y por la transmisión de valores entre generaciones y el compromiso de los jóvenes músicos dieron forma a un final cargado de sentido.
El Concierto “Chascomús celebra a Mercedes Sosa”, que tuvo una soberbia interpretación de la obra Capricho español, con Ezequiel Silberstein al mando del a agrupación orquestal, y que volvió a tener a Nelson Castro en el rol de conductor para una celebrada versión de Tengo un candombe para Gardel, ocupó un lugar central en la programación y marcó el récord de convocatoria de las últimas cuatro ediciones del festival, con 17 mil personas según fuentes oficiales.
Al término del concierto, Spatocco remarcó la importancia de transmitir el legado de Mercedes Sosa a las nuevas generaciones: “Compartir estas canciones y su forma de pensar con los jóvenes es lo más bello que puede pasar. Mercedes Sosa es una de las mejores maneras de explicar qué es la Argentina”.
En tanto, Mihanovich resaltó el impacto de SOIJAr como proyecto cultural y educativo, definió la experiencia de su participación como “un honor y un orgullo” y celebró ver “chicos de todas las edades tocando instrumentos, porque la música es sanadora y tiene que ver con nuestra identidad”; mientras que Morelo señaló el carácter expansivo del proyecto: “Esto va a crecer mucho más. Hay que hacerlo en todo el país y difundirlo”.
“Esto hace que uno tenga esperanza, que piense que no todo está perdido, que piense que los pibes tienen cosas para dedicarse. Y cuando hay instituciones que los acompañan, como esta Fundación que hace todo para que esa vocación no muera, es para sacarse el sombrero.“ (Patricia Sosa)
Finalmente, Patricia Sosa puso el acento en la vocación de los jóvenes y en la necesidad de estimularla y alentar su desarrollo: “Vi a tantos pibes de tantas partes del país queriendo ser parte, formar esta orquesta divina. Son protagonistas, y los vi tomando su lugar: eso es muy difícil cuando los egos empiezan a molestar. Y acá no, acá era una unidad, ponerse todos juntos
Esto hace que uno tenga esperanza, que piense que no todo está perdido, que piense que los pibes tienen cosas para dedicarse. Ahí uno piensa que hay tanto vocacional. Y cuando hay instituciones que lo acompañan, como esta Fundación que hace todo para que esa vocación no muera, es para sacarse el sombrero. Estar metida acá dentro te mueve fibras muy importantes.“
Un festival que trasciende el escenario
“El Festival” SOIJAr 2026 dejó en claro que no se trata solo de conciertos, sino de un proyecto cultural integral que articula formación, inclusión y excelencia artística. Como sintetizó Nelson Castro, “el mundo necesita desesperadamente experiencias como estas: música, orquestas, directores y directoras que ayuden a armonizar”.
En ese sentido, la participación de sus agrupaciones folclóricas de danza de la ciudad en la nueva propuesta Folclore-Escuela, y de la presencia de emprendedores locales en la Feria de emprendedores y artesanos montada en el parque Libres del Sur marca un nuevo paso en la integración de la comunidad al proyecto.
Lo vivido en Chascomús durante estas jornadas, a las cuales aportaron sus capacidades y conocimientos maestros y referentes, y que convocó el trabajo de decenas de técnicos, orientadores y trabajadores de las más variadas profesiones para que los más de 450 participantes disfrutaran de la experiencia, reafirma a SOIJAr como un espacio donde la música no solo suena, sino que construye futuro.
“El mundo necesita desesperadamente experiencias como estas”. (Nelson Castro)

