Orquesta Sinfónica Nacional – Wolfgang Amadeus Mozart en el Palacio Libertad

La obra vocal e instrumental de Wolfgang Amadeus Mozart es el centro de este programa excepcional, que reúne a la Orquesta Sinfónica Nacional con dos artistas argentinos de relevancia internacional y con profunda formación y experiencia filológica: el director Roberto Rutkauskas (quien fuera el concertino más joven en la Orquesta Sinfónica Nacional Argentina) y la soprano Malena Napal Porpiglia. Se escucharán escenas de sus óperas Idomeneo y Così fan tutte –exponentes destacados de la creación lírica seria y cómica de Mozart– y su sinfonía n° 41 en do mayor K. 551, su último y más grandioso trabajo en este género.

Director invitado
Roberto Rutkauskas
Solista invitada
Malena Napal Porpiglia (soprano)

🗓️ Viernes 16 de octubre I 20 h
Auditorio Nacional I Palacio Libertad
Entrada libre

Repertorio
Wolfgang A. Mozart
Fragmentos de Idomeneo, re di Creta, ópera en tres actos, KV 366. Libreto de Giambattista Varesco.
Obertura
Acto I: Recitativo y Aria de Electra: «Estinto è Idomeneo?» / «Tutte nel cor vi sento»
Acto I: Marcha en re mayor
Acto III: Marcha en fa mayor
Acto II: Recitativo y aria de Electra: «Chi mai del mio provò piacer più dolce?» / «Idol mio, se ritroso»
Acto III: Ballet final, KV 367
-N° 1 Chaconne
-N° 2 Pas Seul
-N° 3 Passe-pied
-N° 4 Gavotte
-N° 5 Passacaille
Acto III: Aria final de Electra: «Oh smania! oh furie! oh disperata Elettra!» / «D’Oreste, d’Ajace»

Fragmentos de Così fan tutte, ópera en dos actos, KV 588. Libreto de Lorenzo Da Ponte.
Acto I: Recitativo y aria de Fiordiligi: «Temerari, sortite fuori di questo loco» / «Come scoglio immoto resta» (Fiordiligi)

Sinfonía n° 41 en do mayor, KV 551
I. Allegro vivace
II. Andante cantabile
III. Menuetto: Allegretto – Trio
IV. Molto allegro

Acerca del programa
Idomeneo, re di Creta (K. 366) representa uno de los momentos cumbres en la carrera de Wolfgang Amadeus Mozart, en la transición entre su etapa en Salzburgo y su independencia artística en Viena. En 1780, el compositor recibió el encargo de componer una ópera seria para la temporada de Carnaval de 1781 de la corte de Múnich. La fuente literaria directa fue el libreto de Antoine Danchet para la ópera homónima de André Campra (1712), y la adaptación de idioma y género fue realizada por el capellán de la corte de Salzburgo, el abate Giambattista Varesco, a quien Mozart exigió sucesivos y numerosos cambios en el texto. La obra se estrenó con gran éxito el 29 de enero de 1781 en el Residenztheater (hoy Teatro Cuvilliés) de Múnich.

La música de ballet para esta ópera (catalogada de forma independiente como K. 367) da cuenta de la influencia de las óperas reformadas de Gluck (Alceste, Orfeo). La pieza principal es una imponente chaconne en Re mayor (con pasajes para solo y ensamble), tonalidad que conecta directamente con la obertura y el coro final de la ópera. Además, la música de ballet incluye una gavotte y una passacaille, entre otras danzas. Dentro de la trama, inspirada en la mitología griega, el personaje de Elettra (Electra) desempeña un papel fundamental como encarnación de la furia trágica, el despecho y la pasión incontrolable, en un contrapunto perfecto con la devoción serena y abnegada de la princesa Ilia. Como hija de Agamenón exiliada en Creta, su amor no correspondido hacia el príncipe Idamante motiva tres arias de extraordinaria intensidad psicológica: en el primer acto, su tempestuosa aria «Tutte nel cor vi sento» expresa sus celos y empalma sin pausa con la tormenta desatada por Neptuno; en el segundo, «Idol mio» ofrece un falso remanso de posesiva ternura cuando cree que logrará huir con el príncipe; y en el tercero, tras escuchar la sentencia que la despoja definitivamente de su amado, culmina su arco dramático en la célebre escena «D’Oreste, d’Aiace», una explosión de virtuosismo en la que Elettra sucumbe a la locura invocando a las Furias del Hades.

Última de las tres óperas escritas en colaboración con Lorenzo Da Ponte, Così fan tutte ossia la scuola degli amanti (Así hacen todas, o La escuela de los amantes), estrenada en 1790, rompe el molde de la ópera buffa de su tiempo no tanto por su estructura dramática sino por la profundidad que tanto el libretista como el compositor dan a las emociones de sus personajes, humanizándolos y mostrándolos en contradicciones que aún hoy nos reflejan. En la escena «Temerari, uscite fuori di questo loco» / «Come scoglio immoto resta», la temperamental Fiordiligi (una de las dos hermanas engañadas por sus respectivos amados en una apuesta que implica un intercambio de parejas) se muestra inflexible ante el avance amoroso, aunque el desarrollo posterior de la trama revelará que esta actitud no es tan inquebrantable como lo aparenta. Mozart escribió este rol –que exige en partes iguales línea de canto y coloratura– a la medida de Adriana Ferrarese del Bene, estrella de la compañía italiana y amante de Da Ponte; el recurso principal de Ferrarese era el «cantar di sbalzo», consistente en realizar saltos vocales dramáticos e inusuales entre las notas más graves y las más agudas de su amplia tesitura, como lo evidencian sus arias en esta obra.

Dos años antes, en 1788, Mozart había emprendido la composición de sus tres últimas sinfonías (39, 40 y 41), posiblemente con la expectativa de presentarlas en una serie de conciertos propios. La última de esta serie, en do mayor (catalogada posteriormente con el número 551), recibió más tarde el subtítulo de Júpiter, probablemente del empresario Johann Peter Salomon. A pesar de haber nacido en contexto adverso (Mozart atravesaba una crisis financiera angustiante y otras circunstancias personales), la obra es luminosa y brillante. El Allegro vivace comienza con tres llamadas de toda la orquesta suavizadas por una frase en piano de las cuerdas; el Andante cantabile, con violines con sordino, es un diálogo melódico íntimo y continuo entre cuerdas y maderas, y el Menuetto que le sigue, con indicación de tempo Allegretto, es otra excepcional miniatura. Sin embargo, lo más extraordinario de la obra está en su último movimiento, síntesis de la maestría de Mozart en el manejo del contrapunto, su habilidad para crear material y desarrollarlo al extremo, su inventiva rítmica y su genio melódico. Enigmática, monumental y siempre sorprendente, la última sinfonía de Mozart es tanto la cumbre de su creación orquestal como un puente entre la tradición y el futuro.