EL KUELGUE convirtió el Movistar Arena en un carrusel díscolo

Hay bandas que suben a un escenario a tocar canciones, y otras que suben a construir un mundo. El Kuelgue pertenece a la segunda estirpe. Con un Movistar Arena colmado, el grupo liderado por Julián Kartun presentó Díscolo, su sexto álbum de estudio, en un show donde la música compartió protagonismo con lo teatral, lo absurdo y esa dosis de imprevisibilidad que hace veinte años los distingue del resto de la escena.

El álbum propone un universo sonoro tan ecléctico como el propio recorrido de la banda: arreglos que parecen bordados a mano, una sonoridad orgánica que esquiva las fórmulas fáciles y un puñado de canciones donde conviven el humor, la ternura y la experimentación sin pedirse permiso entre sí. Díscolo no busca la perfección técnica: busca, y encuentra, la identidad.

Esa búsqueda se hizo carne arriba del escenario. Kartun volvió a ser ese niño irreverente que se pone una peluca y una campera con brillos, que estrella una guitarra contra el piso y que, un rato después, se calza un traje para convertirse en el maestro de ceremonias de su propia kermés. Entre invitados, homenajes y guiños a la memoria colectiva, la banda de Villa Crespo volvió a demostrar por qué es una de las propuestas más queridas —y más difíciles de encasillar— de la música argentina.

Un arranque a pura nostalgia
El setlist se abrió con “Sinoca”, uno de los clásicos más celebrados por el público, antes de dar paso a dos estrenos de Díscolo: “Epifanía” y “Haditas”. Con la mirada puesta en el ayer, las letras evocaron juegos de infancia —la mancha, la calesita— y el recuerdo entrañable de los almuerzos en lo de la abuela.

El niño irreverente
Anoche, el niño irreverente que fue y sigue siendo Julián Kartun se dio todos los gustos. Apareció con una peluca de pelo largo y una campera de cuero con brillos, y estrelló su guitarra contra el piso como un verdadero rockstar. Después se cambió por un traje elegante y asumió el rol de presentador de una kermés propia, a la que fue convocando, uno por uno, a los invitados de la noche: Zoe Gotusso, Abel Pintos y Piti Fernández, de Las Pastillas del Abuelo.

Entre tema y tema, no dejó pasar oportunidad para agradecer al público: fue una constante durante todo el show, con Kartun deteniéndose una y otra vez para reconocer el acompañamiento de la gente, la fidelidad de años y la energía que devolvía cada rincón del estadio.

Homenajes que pusieron la piel de gallina
La noche estuvo atravesada por guiños a la memoria del rock nacional. Uno de los puntos más altos llegó con “Todo un palo”, una versión instrumental resuelta a puro saxo y guitarra, que el estadio entero coreó a viva voz de punta a punta.
También hubo lugar para “Spaguetti del Rock”, de Divididos, que la banda hizo propia y que se ganó una de las mejores ovaciones de la noche.
El otro momento de emoción pura llegó de la mano de Abel Pintos, que después de interpretar “La Máquina” cantó “Cactus”, de Gustavo Cerati, a días de la fecha en la que el genial músico hubiera cumplido 67 años.
Un carrusel celestial

Fiel a su costumbre de vivir “el hoy”, como reza el estribillo de “Epifanía”, la banda convirtió el escenario en un carrusel celestial y armó una mesa improvisada para “Bailo cuando llega la comida”, otra de las canciones que debutó en vivo. A la mitad del show, un segundo escenario montado en el fondo del campo del Movistar Arena generó un momento de conexión íntima: el público encendió espontáneamente las linternas de sus celulares, y ahí, otra vez, llegaron las palabras de agradecimiento de Kartun.

“Gracias por captar las canciones, por la tolerancia, por la música”, dijo el cantante. “Estamos muy contentos de tocar en Villa Crespo, que es nuestro barrio, y estar celebrando nuestra música. Siempre es un placer tocar con familia y amigos”.

La fiesta no se corta

En la recta final llegaron los himnos que el público más esperaba: “Circunvalación”, “Díganselo”, “Parque acuático” y “Avenida”, canciones que resumen el amplio registro de la banda. La guinda la puso Piti Fernández, invitado al escenario para rendirle homenaje a Sumo con grandes versiones de “La rubia tarada” y “Los viejos vinagres”.

“Una noche buena es una noche afuera”, dice la letra de “Haditas”. Y así lo demostró El Kuelgue, que una vez más hizo del disfrute la mejor forma de cerrar la noche.
El universo Díscolo

Con arreglos que parecen bordados a mano y una impronta artesanal, Díscolo construye un universo sonoro variado, como acostumbra la banda. El sexto álbum de estudio del grupo incluye, en sus grabaciones, la participación de artistas invitados como la formación uruguaya No Te Va Gustar, el cantautor español El Kanka y el acordeonista argentino Chango Spasiuk.
Una segunda mitad de año a pura gira

El show en el Movistar Arena forma parte del recorrido de presentaciones fijado para la segunda mitad del año, que incluye fechas en Chivilcoy, Córdoba, Rosario y Montevideo (Uruguay), además de una gira por España con paradas en Barcelona, Zaragoza, Valencia, Mallorca, Málaga y Madrid.

Reconocidos por su estilo ecléctico —que fusiona rock, funk, cumbia y jazz— y por una impronta escénica cargada de humor, absurdo e improvisación, El Kuelgue se consolidó como una de las propuestas más originales y queridas de la escena nacional, capaz de capturar a una generación que ya no elige la música por su género.