Illegal Mind lanza “Prison of My Mind”, sencillo del próximo álbum “Nuclear Cockroach”

Illegal Mind regresa con “Prison of My Mind”, una canción de punk rock cruda e introspectiva que explora los límites autoimpuestos y las batallas silenciosas que se libran dentro de la propia mente. Escrita años antes de que el proyecto siquiera tuviera un nombre y finalizada solo cuando finalmente se sintió lo suficientemente honesta para ver la luz, la canción llega como un mensaje enviado a través del tiempo, volviéndose más afilada y relevante con cada año que pasa.

Guiado por la visión del proyecto solista de Maxx Dee, Illegal Mind nunca se ha apoyado en la nostalgia, sino en la confrontación. Interna, emocional y existencial, “Prison of My Mind” captura el momento en que esos muros internos comienzan a responder. Musicalmente, la canción habita el territorio donde el punk rock deja de lado el pulido y recuerda sus heridas, mezclando la aspereza de Rancid, el pulso de Millencolin, la agresividad de The Offspring y la honestidad cruda de los primeros Blink-182.

En lo lírico, no se trata de un himno de ruptura ni de una canción de rabia convencional. Es un enfrentamiento directo con el oponente más silencioso y peligroso de todos: los propios pensamientos. La canción refleja ciclos de autosabotaje, confinamiento mental y la dolorosa toma de conciencia de que la prisión fue construida a partir de elecciones, recuerdos y miedo.

La portada del sencillo refuerza esta idea con imágenes contundentes de aislamiento y reflexión, retratando la mente transformada en una celda, donde comprenderse a uno mismo se siente como cumplir una condena. La luz que atraviesa el encierro sugiere conciencia más que escape, subrayando que el despertar suele llegar antes que la libertad.

Parte del próximo álbum Nuclear Cockroach, “Prison of My Mind” marca un punto de inflexión para Illegal Mind. En lugar de gritar la rebeldía hacia afuera, la canción la susurra hacia adentro, desafiando al oyente a cuestionar qué es lo que realmente lo mantiene atrapado. En un mundo saturado de ruido, la música le da el megáfono a la voz que normalmente ignoramos, convirtiéndose no solo en una canción, sino en una confrontación.