Entrar en Oracle: un viaje radical hacia la intuición

Un espectáculo íntimo de dos horas y media para solo diez participantes propone una experiencia perceptiva radical que combina sonido, gastronomía, luz, creación intuitiva y oscuridad plena.

¿Qué relación nos queda con el misterio? ¿Con la intuición? ¿Con la percepción que no pasa por el pensamiento rápido, sino por una sensibilidad más antigua y profunda? Estas preguntas, propias de una época en la que todo parece explicarse demasiado, encuentran respuesta —o mejor dicho, resonancia— en Oracle, la nueva experiencia multisensorial creada por Sofía Machnowska.

A diferencia de la mayoría de los espectáculos inmersivos contemporáneos —que muchas veces quedan atrapados en lo espectacular y lo fotogénico— Oracle propone algo mucho más silencioso, más sutil y más exigente. Se trata de un viaje cuidadosamente diseñado para devolver al cuerpo su capacidad de sentir y a la mente su capacidad de escuchar. El evento, íntimo y limitado a diez personas por sesión, se despliega en tres cámaras que corresponden casi a movimientos de una obra sinfónica.

La primera, la Cámara de Adivinación, funciona como umbral. Con sonidos de bosque y una iluminación tenue que recuerda a las pinturas de Friedrich o a ciertos pasajes de Tarkovski, los espectadores degustan dos pequeños platos del chef y una poción floral que no buscan sorprender por extravagancia, sino por su capacidad de abrir la percepción. Aquí la experiencia comienza a desanudar la atención cotidiana para instalar otro ritmo.

La siguiente sala, la Cámara Blanca, es un espacio radiante, purísimo, que podría estar a medio camino entre un estudio de artista conceptual y un templo minimalista. Allí cada participante interviene una escultura de yeso blanco guiado por la intuición más que por la técnica. El gesto recuerda las filosofías del arte procesual, desde la pintura meditativa de Agnes Martin hasta el trabajo participativo de Ernesto Neto: el arte como acción que calma y revela.

Finalmente, la Cámara Negra. Oscura, silenciosa, sin estímulos visuales: un golpe perceptivo que invierte completamente la lógica de la sala anterior. En este espacio, una experiencia auditiva y una reflexión en lenguaje corporal, inspiradas en jardines zen, conducen a un estado de inmersión donde la ausencia de imagen se convierte en metáfora de la introspección. Es aquí donde cada asistente recibe su mensaje del oráculo, una suerte de epílogo que no pretende adivinar el futuro sino habilitar la escucha interior.

Los comentarios de participantes que describen la experiencia como “estar dentro de un sueño”, “una velada multidimensional” o “un encuentro con otra realidad posible” dan cuenta de un fenómeno poco usual: un espectáculo que no entretiene; transforma.
Oracle (https://www.oracle-experience.art/) es, en esencia, un recordatorio de que el arte puede todavía hacerse cargo de aquello para lo que nació: acompañar a las personas hacia estados de comprensión, claridad y conexión que la vida cotidiana raramente permite.