Bravo LaHoz presenta el single “Síndrome de Adivino”, anticipo del segundo álbum del solista madrileño que verá la luz el 10 de marzo.

“Síndrome de adivino” representa (en primera persona) un catálogo de agoreros, visionarios y profetas de los que a diario vuelcan una visión preclara de la realidad y emiten sus augurios sin ningún rubor, basándose en la osadía que aporta la desconfianza, el miedo o la profunda ignorancia.

Coros, percusiones y guitarras insistentes en busca de la hipnosis ritual mística y absurda, donde las voces tienen una misión rítmica que empujan a las imágenes que van ilustrando la idea principal del texto. Ha sido grabada, como el resto del disco, en Anti Studio por Anti Horrillo; y cuenta con la colaboración del ya habitual Gustavo Yuste en las guitarras, que aporta un solo final cercano al blues.

El video de la canción, realizado por el propio artista en colaboración con Carmen González, como viene siendo habitual, Charles Manson baila la canción proyectado sobre las paredes del salón de su casa, y le acompañan otros delirantes quirománticos como Criswell, Aleister Crowley, las niñas de Garabandal; personajes de muy diferentes perfiles pero que comparten su “capacidad” para describir eventos del futuro de una forma abierta y que sirven de base muy adecuada para fundamentar el conocimiento de los “sabios iluminados” del momento actual.

Es una pieza visual de rock casero que enfatiza la idea de autogestión de todo proyecto desde su puesta en marcha en 2021.

El álbum, también heterogéneo como su anterior trabajo (que transitaba entre el Folk y el Post Punk), aunque algo más uniforme en el sonido, ha sido grabado íntegramente en Fuenlabrada, donde tienen origen las desventuras de un pequeño catálogo de personajes que dan voz a diferentes formas de enfado infantil y exagerado contra el mundo, recuperados de textos e ideas de sus diarios para esta entrega.

Nueve canciones componen una obra donde las guitarras y las baterías cobran protagonismo, plagado de arreglos electrónicos, y donde se intercalan pasajes perturbadores y “desconcertantes” que dan un aire onírico y surrealista, presente en mayor o menor medida en una obra con un talante más rockero y ruidoso en ocasiones, del que se aparta abruptamente en otras para adentrarse en fórmulas más experimentales que mezclan Folk, Spoken Word y música concreta.