Será el viernes 5 de abril, a las 20,30 horas, en el teatro El Bululú, sito en calle Rivadavia 1350, CABA. Se trata de un show que la experimentada actriz, cantante, bailarina y pianista le hará a Laura Ana Merello, más conocida como Tita Merello. Este show se hará luego de la exitosa presentación el pasado 14 de febrero, en la mencionada sala teatral y su posterior gira artística por España. Actualmente, la vecina de la ciudad bonaerense de Ramos Mejía, integra los elencos de “Los árboles mueren de pie”, de Alejandro Casona, cuya dirección es de Jazmín Ramos; “La casa de Bernarda Alba”, de Federico García Lorca, con dirección de Charly Palermo, obras que están presentándose en El Bululú.

Bettina Brozzo presentará el unipersonal musical “Se dice de Tita”. Será el viernes 5 de abril a las 20,30 horas, en El Bululu, el Club de Comedia más antiguo del país, sito en calle Rivadavia 1350, CABA.

Se trata de un show que la experimentada actriz, cantante, bailarina y pianista de Ramos Mejía le hará a Laura Ana Merello, más conocida como Tita Merello.

A través de textos de su autoría y emblemáticos tangos y milongas, que supo interpretar “La morocha argentina”, Bettina Brozzo rendirá homenaje a la Ciudadana Ilustre de Buenos Aires, máxima distinción porteña recibida en 1990, en el Salón Dorado del entonces Consejo Deliberante. Como invitados especiales participarán los bailarines Jorge & Grace.

Bettina viene de presentarse en España con el unipersonal musical. Ya lo había estrenado el pasado miércoles 14 de febrero, en El Bululú.


Actualmente, Bettina Brozzo, hija, hermana y nieta de artistas cordobeses, está trabajando en dos obras, que se representan en el teatro El Bululú. Los sábados, a las 17 horas, “La casa de Bernarda Alba”, en donde personifica a “La abuela”. Mientras que, los domingos, a las 17, encarna a Genoveva en “Los árboles mueren de pie”.

SOBRE BETTINA BROZZO
Nació en Puerto Belgrano, bajo el signo de cáncer. Es hija de un marino y una profesora de danzas folklóricas y aficionada al canto. Tiene un hermano mayor, Ricardo, un contrabajista jubilado.
Bettina cuenta que, con apenas 6 años, solía acompañar a su madre, quien impartía clases de danzas folklóricas. “Cuando regresábamos a casa, le decía: ‘así baila fulanita, así baila zutanito’. Eso provocaba risas a toda la familia. Recuerdo que, de chiquita imitaba a muchos personajes de la tele. Ese don lo fui perdiendo en la adolescencia. ¿Por qué? Porque me puse seria y tímida, vaya a saber por qué”, asegura sonriendo la artista.
En 1975, después de cursar la escuela secundaria e incursionar en la Universidad en Mar del Plata (comunicación social), regresó a Bahía Blanca, en donde vivía e hizo el profesorado nacional de música, con especialidad en Piano. Aunque se recibió en el Conservatorio Nacional López Buchardo, en CABA. Al respecto, cuenta: “trabajé toda la vida y me jubilé de eso”.
Por entonces, Bettina cantaba en coros (estuvo en varios, como el Coro Femenino de San Justo) y para enseñar canciones a los chicos.
Hace algo más de 10 años, se le encendió la llama artística profesional. Todo comenzó “por culpa” de un accidente en la vía pública. “En 2013, estaba trabajando en tres escuelas porteñas, como profesora de música. Una nochecita, caminando por Palermo, tropecé y caí en una bicisenda, recién inaugurada. Lamentablemente, al apoyar las manos, me quebré los dos codos”, rememora agradeciendo que no pasaba ningún vehículo.
Luego de la operación en el codo izquierdo, a la madre de María Soledad y abuela de Luca no le quedó otra opción que hacer reposo, seguir las recomendaciones médicas y esperar el alta.
Mientras aguardaba el “santo día” para retomar la labor docente, Bettina masticaba bronca y se hacía la típica pregunta: “¿por qué a mí?”. Es que, por entonces, no podía soportar tanta quietud. “Soy muy activa”, afirma la canceriana que necesitaba expresarse artísticamente.
Cuando fueron desapareciendo los dolores y, sobre todo, la bronca, Bettina se acercó al denominado Programa Cultural en los Barrios, en Liniers. Luego de interiorizarse sobre los talleres, se inscribió en coro y teatro.
El primer día, la profesora de teatro de ese centro municipal pidió que cada alumno se presentase ante sus compañeros. Brozzo se inclinó por el humor. “Como me gustaba Niní Marshall y el cine de los ’50, me largué con un monólogo de la inolvidable actriz, guionista y comediante, que gustó mucho”, asegura.
En forma simultánea, la multifacética artista empezó a concurrir al taller de coro. “Fue ahí que descubrí mi voz. Porque yo trabajaba con la voz, pero con piloto automático. Lo hacía mecánicamente. El taller me ayudó a escuchar mi voz, mi esencia”, recuerda orgullosa tras recibir el elogio de su profesor.
Al año siguiente, Bettina decidió presentarse al casting de un musical: “Divorciadas”. “El director, Sergio Lobo, buscaba actrices que canten muy bien y, además, bailen en taco aguja. Entonces, preparé el monólogo de Ninï Marshall y “‘Sos buena con mami’ (tema de Mamy Morton, del musical Chicago). Apenas comencé la improvisación, Lobo me sugirió: ‘Bettina, intervení más’. Sugerencia a la que accedí y me sirvió para conseguir el papel y darme el espaldarazo para dedicarme definitivamente a la actuación”, concluye Bettina Brozzo.