Una videodanza que convierte la memoria en tensión estética y emocional
Hay artistas que avanzan hacia adelante, y otros que, con una lucidez poco común, entienden que el verdadero movimiento ocurre al mirar hacia atrás. Mariano Politis pertenece a esta segunda categoría: su obra no busca simplemente evolucionar, sino desenterrar las capas que componen su identidad. En “Como Empecé”, el músico radicado en Capital Federal propone un ejercicio de introspección que se siente tan íntimo como expansivo, un gesto artístico que transforma la nostalgia en un lenguaje audiovisual cargado de tensión y belleza.
El track, que forma parte de su álbum Somos Huesos, encuentra su fuerza en una arquitectura sonora donde el synthpop se funde con la sensibilidad del pop y las texturas del rock alternativo. Las influencias de Thom Yorke, Björk y Juana Molina no aparecen como citas evidentes, sino como corrientes subterráneas que moldean el pulso emocional de la canción: hay una fragilidad digital, una búsqueda tímbrica inquieta y una narrativa que se construye desde lo atmosférico más que desde lo explícito. Politis trabaja con capas, silencios y resonancias, generando un paisaje sonoro que invita a habitarlo más que a consumirlo.
El videoclip, dirigido por Joaquín Gori, eleva la propuesta hacia un terreno conceptual donde la música se vuelve cuerpo. A través de una videodanza precisa y evocadora, la obra explora la relación entre el pasado y el presente como una conversación permanente entre dos versiones de un mismo ser. La coreografía, concebida por Melina Schettino y Valentina Uffelman, y ejecutada por Mercedes Bello y la propia Uffelman, construye un diálogo físico cargado de fricción: los movimientos oscilan entre la sincronía y el conflicto, revelando que el reencuentro con el origen no es un acto de reconciliación simple, sino un proceso de confrontación íntima.
“Como Empecé” no es solo una canción ni un videoclip: es una declaración estética sobre el tiempo, la identidad y la memoria. En un panorama donde lo inmediato suele dominar, Mariano Politis apuesta por la densidad emocional y la exploración artística como forma de resistencia. Escuchar y ver esta pieza es aceptar una invitación a mirar hacia adentro, a cuestionar nuestras propias narrativas y, quizás, a descubrir que el inicio nunca queda realmente atrás.
Los movimientos oscilan entre la sincronía y el conflicto, revelando que el reencuentro con el origen no es un acto de reconciliación simple, sino un proceso de confrontación íntima.

