Tras el estreno, Devita explicó que la obra surge de una decisión consciente: llevar el lenguaje al límite y describir el horror que atraviesa Palestina de la forma más directa posible, sin mediaciones ni rodeos.
“GAZA” no es un tema que se quede en un solo lugar. Arranca pesado, con guitarras al frente y versos rapeados que entran secos, sin vueltas. Pero cuando parece que va por ahí, abre: aparecen partes melódicas, coros con vuelo épico que levantan todo y un estribillo bien rockero que cae donde tiene que caer.
No es una mezcla caprichosa. Funciona porque cada parte tiene su momento y empuja para el mismo lado.
En lo musical, se destaca el trabajo de Gustavo Arroyo en las guitarras —con solos que incorporan giros melódicos de inspiración árabe—, el aporte de Nico Mariscal en el bajo y la batería de Martín de Pas (Presto Vivace, Jason), que sostiene el pulso con firmeza y patrones rítmicos que remiten a la tradición musical de Medio Oriente.
En el videoclip, la propuesta va en la misma dirección. La apuesta es ambiciosa y visualmente potente, con actuaciones que acompañan en el tono justo. El trabajo de María Soledad Gallo y su hijo Dante se integra con solidez, sosteniendo el clima general sin desbordes.
Una obra de denuncia para ver y escuchar de principio a fin.

