Americania es una banda alternativa de Caracas, Venezuela, que se separó antes de que el álbum que les diera estatus de proyecto de culto —La Fiesta del Rey Drama (2013, Discos Caracas) — siquiera tuviera la oportunidad de llegar a los anaqueles de las tiendas.
Formada en 2008 por tres amigos de la infancia, Armando Añez, Ítalo Pizzolante y Álvaro Casas, Americania llegó a la escena caraqueña pisando el freno al disco punk que reinaba en aquel momento para dar lugar a algo “nuevo”. Trajeron a la fiesta melodías inspiradas por Brian Wilson, Phoenix, Erlend Øye y Luis Alberto Spinetta, haciendo gala de lo que se convertiría en su sello distintivo: música nostálgica narrada a través del poder y la belleza de las armonías de sus voces.
La vida de Americania fue corta pero intensa. Editaron dos álbumes y tocaron un puñado de shows legendarios antes de separarse y ver cómo dos tercios de sus miembros se unían a la masiva diáspora venezolana que comenzaba a esparcirse por el mundo.
Pasó una década y, aunque el grupo de amigos nunca perdió del todo el contacto, la vida los alejó.
El décimo aniversario del lanzamiento de La Fiesta del Rey Drama llegó con un regalo inesperado: los miembros de la banda empezaron a coquetear con la idea de juntarse nuevamente a hacer música.
En un acto casi de serendipia, el grupo recibió una invitación para reunirse en el marco de un festival y rememorar el álbum que alguna vez los convirtió en un referente en su país.
Sorpresivamente, unas 7.000 personas —la mayoría demasiado jóvenes para haber presenciado la primera era de Americania— se agolparon frente a la tarima para cantarles de regreso cada una de las canciones de El Rey Drama. Tal como sucediera entre Armando, Ítalo y Álvaro, aunque la distancia los separaba, los fans nunca perdieron del todo el contacto con la banda.
El experimento del reencuentro en la sala de composición también fue exitoso. El nexo que los une desde niños permanecía intacto. Se hicieron viajes, literales y metafóricos, y llegaron a un destino común: “hay que hacer un disco”.
Para este proceso, la banda decidió rodearse de viejos amigos. Contactaron a Héctor Castillo (Gustavo Cerati, No te va a gustar, El Cuarteto de Nos, Brazilian Girls, Los Fabulosos Cadillacs), productor de Rey Drama, y sumaron a Gustavo Guerrero (Natalia Lafourcade, Silvana Estrada) al equipo de producción.
Con ellos de la mano, y con la ayuda del guitarrista Luis Otamendi, Americania forjó Saludos de Americania (2026), un disco profundamente inspirado por cantautores. Entre los sospechosos habituales destacan Caetano Veloso, Carole King, Gabriel Ríos, Jeff Tweedy, Marco Castello, Erlend Øye, Antonio Adolfo y Devendra Ban hart.
Paradójicamente, en el momento en que la banda más pudiera haberse recostado del recurso de la nostalgia, Saludos de Americania es un disco que no pierde tiempo con el pasado, sino que se enfoca firmemente en el presente. Es una radiografía del momento que Añez, Pizzolante y Casas viven como agrupación, como individuos y como amigos.
Ojos Nuevos es el primer sencillo de Americania en más de una década. Según Ítalo Pizzolante, la canción fue clave para que Armando Añez, su compañero de banda y amigo de toda la vida, terminara de decidirse a formar parte de la reunión del grupo de culto venezolano. “Le encantó cuando se la puse”, recuerda con orgullo.
El tema -homenaje a su “Nonno”, el legendario compositor venezolano Ítalo Pizzolante Balbi (autor del clásico de la música latinoamericana, Motivos)-, es un bolero “trippy, casi psicodélico”, que reúne referencias aparentemente distantes como Frank Sinatra, El Trío Los Panchos y los Flamming Lips.
Líricamente, Ojos Nuevos pareciera hablar de alguien que -después de haberse acostumbrado a vivir solo por años-, está finalmente listo para volver con un viejo amor. “Y aunque en parte sí se trata de eso”, reflexiona Pizzolante, “al terminarla me di cuenta de que quizás estaba hablando de la banda. De Armando, Álvaro y yo, aprendiendo a vernos con ojos nuevos después de vivir más de 10 años cada uno por su cuenta.”
El productor Gustavo Guerrero (conocido por su trabajo detrás de las consolas en Musas, de Natalia Lafourcade y Marchita, de Silvana Estrada), se sumó a la grabación con unas guitarras fuertemente inspiradas en Los Cubanos Postizos de Marc Ribbot. Por su parte, el sutil y delicado trabajo de baterías estuvo a cargo de Yuval Lion.
La canción es de autoría de Ítalo Pizzolante y Luis Otamendi. Fue producida por Héctor Castillo y Gustavo Guerrero, en las ciudades de Orlando (Lake House Studio) y Nueva York (G.B.’s Juke Joint) a mediados de 2025.
La mezcla estuvo a cargo de Héctor Castillo y el master corrió por cuenta de Dave Mcnair

